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Por la Segunda Independencia de Latinoamérica

lunes, 3 de agosto de 2015

La lógica colonial francesa



Said Bouamama
De los vascos a los argelinos, de la colonización “interna” a la “colonización externa”
El discurso sobre la República y los “valores de la República” volvieron de manera fulgurante al primer plano político y mediático con ocasión de los atentados de enero de 2015 y de su instrumentalización ideológica por parte de Manuel Valls. El relato nacional construido por la clase dominante como ideología de justificación y de legitimación de su poder se volvió a desplegar con sus conceptos farragosos y sus oposiciones binarias (universalismo contra particularismo, modernidad contra reacción, ilustración contra oscurantismo, asimilación contra comunitarismo, etc.). En varias ocasiones nos hemos explicado sobre los retos de esta secuencia histórica que fue “yo soy Charlie [i]".

Hoy queremos centrarnos en lo que hace posible esta instrumentalización: la interiorización generalizada en una parte importante de la izquierda del mito de la “misión civilizadora” como herramienta de emancipación de los pueblos de Francia dentro del Hexágono*, y de los pueblos y naciones de Asia, África y América en el exterior de este. Así, las lógicas, objetivos y procesos que presidieron la colonización son de la misma naturaleza que los desplegados en lo que hay que denominar “colonización interna”.

La colonización como proceso de generalización de la relación social capitalista

En su histórico “Discurso sobre el colonialismo”, Aimé Césaire analiza el capitalismo como una “forma de civilización que en un momento dado de su historia se ve obligada de manera interna a extender a escala mundial la competencia de sus economías antagonistas” [ii].

Esta competencia y esta lógica extensiva son consustanciales al capitalismo. Primero se despliegan en las periferias cercanas a unos centros de emergencia del nuevo modo de producción capitalista antes de extenderse a unas periferias más lejanas.

Rosa Luxemburgo pone de relieve acertadamente que esta lógica extensiva supone y necesita la destrucción de las “economías naturales”, de las “economías campesinas” y de las culturas populares en las que se han elaborado históricamente [iii]. Marx describió precisamente el reto que supone esta lucha para el nuevo modo de producción capitalista: «Se había tenido una producción cuyo único excedente era valor de cambio y que se presuponía a la circulación; ahora se pasa a una producción que solo funciona en relación a la circulación y cuyo contenido exclusivo es el valor de cambio” [iv].

Por consiguiente, la lógica extensiva y la guerra contra las “economías” periféricas (primero de proximidad y luego más alejadas) no se despliegan por “maldad” o por “vicio”. Simplemente son la consecuencia lógica del nuevo modo de producción. Reducir la extensión colonial del modo de producción capitalista a una lucha contra el feudalismo ocultando que también es una lucha contra unas “economías naturales” y unas “economías campesinas”, por retomar las expresiones de Rosa Luxemburgo, lleva a la ceguera frente a la resistencia tanto pasada como actual, tanto en el Hexágono como a escala internacional, a la nivelación y a la uniformización capitalista. El Estado francés centralizador no ha sido sino una herramienta de guerra contra el feudalismo, pero también una máquina de destrucción de las economías anteriores y de las culturas que las portaban.

Al hablar de las periferias colonizadas de fuera del Hexágono, Aimé Césaire resume así las características que para el capitalismo constituyen unos obstáculos que hay que destruir: “Eran unas sociedades comunitarias, nunca de todos para algunos. Eran unas sociedades no solo antecapitalistas, como se ha dicho, sino también anticapitalistas. Eran unas sociedades democráticas, siempre. Eran sociedades cooperativas, unas sociedades fraternales” [v].

Por supuesto, hay una idealización asumida de estas sociedades por parte de Aimé Césaire porque su obra es una obra de lucha y denuncia, pero eso no merma en nada las principales características de estas “economías naturales y campesinas”. Recordar estos hechos no quiere decir que haya que construir el futuro por medio de una vuelta a estas formas del pasado. La historia no se reescribe borrando algunas de estas fases sino superándolas hacia un horizonte de emancipación.

Es esencial tener en cuenta esta base material de la colonización para no derivar a una oposición idealista (y, por lo tanto, impotente) a la colonización. Esta última está dotada de un movimiento histórico que le lleva a adoptar diferentes rostros en función de la relación de fuerzas. Los discursos sobre la nación, sobre la asimilación, sobre la integración, sobre el universalismo abstracto, etc., no son sino acompañamientos ideológicos de un proceso de sometimiento total de una periferia a un centro a beneficio de este último.

Estos discursos se mantuvieron primero en el marco de la construcción nacional francesa antes de extenderse a las naciones ultramarinas. Fueron unos instrumentos del establecimiento de la dependencia económica y de la asimilación tanto cultural como lingüística de las culturas del Hexágono antes de servir a los mismos objetivos (con unos medios aún más brutales) para los demás continentes. La colonización interior precedió e hizo posible la colonización exterior.

La asimilación como herramienta ideológica de la construcción nacional francesa

Frantz Fanon destaca pertinentemente que el proceso colonial es indisociable del racismo. Para desplegarse supone la emergencia y la interiorización de dos complejos: el complejo de superioridad para unas personas y el complejo de inferioridad para otras [vi]. El papel del aparato de Estado en Francia ha sido precisamente producir, favorecer y extender ambos complejos por todos los medios disponibles, desde la inculcación ideológica a la violencia abierta.

La cuestión de la cultura en general y de la lengua en particular adquiere una importancia particular en este proceso de sometimiento. Para justificar el sometimiento económico de una periferia a un centro se trata de jerarquizar las culturas y las lenguas. Así, el pensador ilustrado Denis Diderot lo plantea como una evidencia indiscutible: “En un Estado unificado políticamente es legítimo que haya una sola lengua y considerar las demás formas lingüísticas dialectos locales que se dejan al populacho de provincias” [vii].

La confusión entre lengua común compartida y lengua única impuesta revela el proceso de sometimiento y de colonización de las periferias. Al ser indisociable la lengua de la cultura de la que nació, la inferiorización lingüística es en el mejor de los casos una inferiorización cultural y en el peor una destrucción cultural. Hablamos de “mejor” y “peor” situándonos desde el punto de vista de las periferias puesto que para el centro “mejor” es la desaparición total de la alteridad, es decir, la asimilación.

Suzanne Citron puso de relieve la lógica de razonamiento que lleva a este mesianismo de destrucción de las alteridades. Se basa en la reducción de los protagonistas de la Revolución Francesa a una lucha binaria: burguesía contra feudalismo. Ahora bien, este binarismo es una simplificación de la realidad social de los habitantes del Hexágono. Elimina al tercer protagonista: el mundo campesino, sus pueblos y sus lenguas: “Arriba cultura aristocrática franca, monárquica, católica; abajo, cultura burguesa y urbana, cultura de la Razón, cultura de la Ilustración; el sistema de representación que la sustentaba no integraba al mundo rural, sus dialectos locales, sus solidaridades de pueblo” [viii].

Es evidente que esta actitud supone un complejo de superioridad del centro. Se trata ni más ni menos que de plantear el carácter universal de la lengua francesa otorgándole una superioridad de esencia. Así es como habla de ello Bertrand Barrère de Vieuzac, diputado en los Estados Generales y después en la Convención Nacional, para apelar a una guerra para erradicar las lenguas del Hexágono: “El federalismo y la superstición hablan bajo bretón; la emigración y el odio a la República hablan alemán, la contrarrevolución habla italiano y el fanatismo habla vasco. Acabemos con estos instrumentos de daño y de error […] Solo pertenecen a la lengua francesa que desde hace cuatro años leen todos los pueblos […], solo a ella le corresponde convertirse en la lengua universal. Pero esta ambición es la del genio de la libertad” [ix].

Esta lógica de pensamiento que ya era hegemónico en el momento de la revolución burguesa (la cual, recordémoslo, se despliega a la vez contra el feudalismo y contra las economías y culturas populares) continúa y su punto culminante es la Tercera República [francesa] que es a la vez la de la guerra contra la diversidad y la de la colonización interna. En consecuencia, la construcción nacional francesa se construye por medio de una negación de los pueblos del Hexágono (occitano, vasco, bretón, etc.) a través de una confusión entre la unidad política y la unicidad cultural, y de una guerra a la alteridad. Pero esta negación no deja de tener fundamentos materiales: se arraiga en la necesidad de imponer las relaciones sociales capitalistas a unas tierras que hasta entonces funcionaban según una lógica económica diferente. Por eso son indisociables liberación nacional y lucha de clases.

Liberación nacional y lucha de clases

Hablar de lucha de liberación nacional a propósito de los pueblos del Hexágono hace que en Francia se corra el peligro de ser acusado de reaccionario, de partidario de una vuelta al feudalismo. Por el contrario, consideramos que no hacerlo equivale a dejar campo libre a la extrema derecha que sabe muy bien canalizar unas revueltas legítimas para desviarlas de sus objetivos reales. Por consiguiente, convienen precisar de qué se trata, no en la abstracción pura sino en las condiciones concretas del capitalismo francés actual.

En nuestra opinión, abordar la lucha de liberación nacional sin vincularla a la lucha de clases es un disparate. De hecho, es un combate contra una clase social que jerarquiza el territorio en centros y periferias, que no puede sino hacerlo, que necesita hacerlo para mantener sus beneficios. Por ello limitar el combate a la cuestión lingüística solo puede producir impotencia política. Al contrario, contentarse con hablar de lucha anticapitalista sin anclarla en las consecuencias concretas de sometimiento económico y de opresión cultural lleva al mismo callejón sin salida. Este enfoque, que sigue siendo mayoritario entre la izquierda en Francia, lleva de manera consciente o no a una mirada despectiva sobre las formas de revuelta que emergen espontáneamente frente a la dominación.

Sin embargo, no seamos ingenuos. Nuestras luchas contemporáneas se despliegan en un marco preciso, el de la globalización capitalista y de una Europa que es uno de sus polos principales. Esta Europa está repleta de contradicciones y los Estados más poderosos quieren ocupar un lugar hegemónico en ella (Francia y Alemania en particular). Esa es la razón por la que en la Europa del Sur asistimos a una vuelta de los mecanismos coloniales, es decir, a una lógica de sometimiento de estas economías a los centros que son Francia y Alemania. Una expresión significativa de esto es el episodio griego que acabamos de vivir. En este nuevo contexto unas aspiraciones justas pueden ser instrumentalizadas, unas luchas legítimas pueden ser canalizadas hacia objetivos reaccionarios, unas reacciones a la opresión pueden ser manipuladas para asentar otras opresiones. Así es como en nombre de la defensa de las “minorías” se han legitimado varias guerras imperialistas contemporáneas en Oriente Medio y África.

En definitiva, la cuestión que se plantea es la de la lucha para acabar con el sometimiento colonial (y, por lo tanto, del capitalismo al que sirve) y de la concepción del Estado que la acompaña. En nuestra opinión, la solución no está en una vuelta al pasado sino en la invención de un futuro. Para hacerlo, mirar hacia otra parte pude ayudar a desarrollar un imaginario de la liberación. Bolivia, por ejemplo, y su “Estado plurinacional” puede ayudarnos a pensar el futuro.

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Notas

[i] Véase nuestros artículos: 
1) Le discours des «valeurs de la république»: Un nouveau masque de l’idéologie dominante, 
2) Les fondements historiques et idéologiques du racisme «respectable» de la «gauche» française, 
3) La prise en otage des enseignants ou l’instrumentalisation de l’école publique, 
4) Les premiers fruits amers de l’unité nationale: Guerres, peurs, humiliation, mises sous surveillance (traducción al castellano: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=194713
5) L’attentat contre Charlie Hebdo: l’occultation politique et idéologique des causes, des conséquences et des enjeux, (traducción al castellano: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=194329) etc., 
* La Francia continental se conoce con el nombre de l'Hexagone ("el Hexágono") debido a la forma de su perímetro. (N. de la t.)

[ii] Aimé Césaire, Discours sur le colonialisme, Présence africaine, París, 2004 [rééd.], p. 9. [Traducción al castellano, http://www.alca-seltzer.org/descolonizacion/cesaire_libro_discurso_sobre_colonialismo.pdf]

[iii] Rosa Luxemburg, L ’accumulation du capital, tomo 2, Maspero, París, 1976, pp. 43-91. [Traducción al castellano, http://grupgerminal.org/?q=system/files/LA+ACUMULACI%C3%93N+DEL+CAPITAL.pdf]

[iv] Karl Marx, Fondement de la critique de l’économie politique, Anthropos, París, 1968, tomo 1, pp. 203-204.

[v] Aimé Césaire, op. cit.

[vi] Frantz Fanon, Racisme et Culture, in Pour la révolution africaine, La Découverte, París, 2001 [rééd.], pp. 37-53[Traducción al castellano,http://www.matxingunea.org/media/pdf/Fanon_Racismo_y_cultura_web.pdf]. Véase también Frantz Fanon, Peau noire, masques blancs, Seuil, París, 1952. [Traducción al castellano, Piel negra, máscaras blancas, Akal, 2009]

[vii] Denis Diderot, Langue, Œuvres, La Pléiade, París, 1946, p. 210.

[viii] Suzanne Citron, Enseigner l’histoire aujourd’hui. La mémoire perdue et retrouvée, Editions ouvrières, París, 1984, p. 67.

[ix] Bertrand Barrère de Vieuzac, Rapport au comité de salut public, in Michel Certeau, Dominique Julia et Jcaques Revel, Une politique de la langue, Gallimard, París, 1975.

bouamamas. Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos. Extractado por La Haine






http://www.lahaine.org/mundo.php/la-logica-colonial-francesa


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